En 1998, mi familia regreso a Ecuador con la visión de ayudar con el desarrollo de un ministerio campestre.
En diciembre de 1999, Dios proveyó un terreno espectacular. A solo 45 minutos al norte de Quito, El Refugio, nombre que se le dio a la hacienda de 120 hectáreas de montaña y bosque.
En el 2003 se iniciaron los programas de aventura donde las puertas se abrieron para recibir grupos de retiro y entrenamiento. Hemos visto la mano de Dios durante todo este proceso y especialmente en las vidas de los que vienen para viven esta experiencia. Esperamos que Dios siga usando este lugar para impactar su vida también, bendiciones.